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Imagogenia

Imagogenia

 

Despeinada, desarreglada y fea

 

Si mal no recuerdo hay un dicho que dice más o menos así “El camino del infierno está pavimentado de buenas intenciones” y no dudo que la primera dama de Chiapas, Anahí Puente tuviera las mejores intenciones al pedir ayuda para los afectados por el sismo del pasado jueves en las múltiples transmisiones que realizó el día nueve de septiembre en su cuenta de Facebook.

 

Sin embargo, parece que la también cantante no supo enviar el mensaje correcto a través de las redes sociales y desperdició el poder que le otorga ser una persona pública con presencia tanto en el ámbito artístico como en el político.

 

Esto lo digo porque en el video que transmite a las 14:11 horas en el minuto 1:15 aproximadamente la primera dama dice exactamente “…aquí esto muy despeinada, muy mal arreglada, muy fea y no me importa nada; lo que me importa ahorita es ayudar a la gente y yo sé que ustedes quieren que cante y yo sé que ustedes me quieren ver haciendo conciertos y estando cerca de ustedes…”.

 

En efecto, leyó bien, la primera dama de uno de los estados más afectados por el sismo se dio el tiempo de recalcar que se encontraba: despeinada, desarreglada y fea. El problema no es en sí que lo diga, sino el inoportuno momento que escogió para hacerlo. Dejo en claro que la imagen es defensora de los procesos perceptuales que entran por la vista –cómo me visto y cómo me peino-, así una buena imagen implica también adaptarse al entorno desde el arreglo personal hasta la palabra, si este no es acorde con el contexto generará desconfianza y descontento social, sumado a que olvidaremos el verdadero mensaje, en este caso “…lo que importa ahorita es ayudar…” –palabras más palabras menos-.

 

Todo parece indicar que el equipo de comunicación e imagen de Anahí debió hacerle ver que el hecho de que no estuviera arreglada para una pasarela en un recorrido por las zonas devastadas por el sismo era, en efecto, un acierto de comunicación que aportaría de forma positiva a su imagen y que, por ningún motivo, debía hacer mención de ello ya que podría ser percibida como superficial y narcisista –aunque suene exagerado y evidente que no se debe hacer-.

 

Y no es por comparar, pero hace un par de semanas escribí sobre la imagen de la primera dama de Estados Unidos, Melania Trump y sus tacones –sí, esos que uso al salir hacia los recorridos de las zonas devastadas en Texas-, a diferencia de ella la Primera Dama chiapaneca llevaba un arreglo en general muy atinado para la labor que realizaba en ese momento: tenis, jeans y playera blanca, el problema en este caso fue el mensaje verbal, ella quería pedir “ayuda” y terminó pidiendo disculpas por su arreglo.

 

Lo importante aquí es recalcar que a veces la política se olvida del poder que tiene el papel que juegan las primeras damas –y los primeros caballeros- que representan lo noble, amable, empático y social más allá de la política y la superficialidad. Para Anahí este puede ser un error que pase de largo porque como es costumbre de las redes sociales –y del mexicano- entre tanta información, lo olvidamos. Sin embargo, es una buena lección para que ella y figuras públicas similares, eviten hablar sobre su aspecto personal, no importa si es de forma buena o mala.

 

Así, mejor le pido estimado lector que más allá del mensaje banal que haya escuchado en redes sociales se enfoque en la ayuda que requieren nuestros paisanos chiapanecos y oaxaqueños.

 

@Mar_Naa