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Carta al director: JULIAN: ASUMIREMOS NUESTRA RESPONSABILIDAD. RESISTIREMOS

A muchas nos ha estremecido la imagen de Julian Assange forzado por la policía británica a salir de la embajada de Ecuador en Londres, gritando “¡Resistan!”. Cataluña, desde donde escribo, tiene un trozo de historia compartida con Assange. Aquí, líderes políticos y activistas enfrentan un juicio con penas que podría llegar a los 25 años por haber permitido a la población votar en el referéndum de autodeterminación de Cataluña del 1 de octubre de 2017. O sea, se criminaliza el ejercicio de un derecho democrático, sentando bases que serán aprovechadas por la extrema derecha pujante en Europa. Todos los días podemos ver en la televisión la retransmisión en castellano de este juicio. Impresiona la falta de garantías que se ofrece para la defensa de las y los presos políticos. Assange legitimó el esfuerzo por votar de las y los habitantes de Cataluña, reconociéndolo como la expresión de la población de expresar sus deseos políticos. Y después de la violencia desplegada por el gobierno español para detener el referéndum, sobre una población totalmente pacífica, que tuvo un saldo de más de mil heridos, Assange interpeló a Europa por su silencio. En agosto de 2018, debido a presiones españolas, el presidente ecuatoriano lanzó un aviso al periodista de que debía abstenerse de “intervenir en la política y la autodeterminación de los países”. Acabaron cortándole las comunicaciones con el exterior. El único crimen de Assange ha sido cumplir con la tarea de cualquier periodista e informar. Y más valioso aún ha sido su aporte al visibilizar los crímenes cometidos a escondidas por la administración estadounidense en otros países, entre otros. Lo que le pueda ocurrir tendrá repercusiones mucho más allá de su caso individual y reafirmará la deriva autoritaria emprendida a nivel global. Días antes de la votación del referéndum, recuerdo la pantalla gigante situada sobre los muros de la Universidad de Barcelona desde la cual Assange daba una videoconferencia a miles de estudiantes, alertando sobre la represión que ocurriría. Afirmaba que ante una situación así, las personas que disponían de herramientas tenían la responsabilidad de compartirlas. Y finalmente hablaba de la necesidad de protegernos de forma colectiva. Creo que tenemos la misma responsabilidad frente a él. Esto implica movilizarnos para exigir su libertad y demostrarle que no está solo, que su lucha por el acceso a la información y por la libre expresión, es también la nuestra.

Mónica Vargas