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Los dichos y los hechos.

MI COMPROMISO ES MÉXICO: EPN
César Camacho
Con sobriedad republicana, no exenta de nacionalismo y cargada de importantes significados políticos, en acto solemne, rico en emotividad, ayer rindió protesta el Candidato del PRI y de su aliado PVEM a la Presidencia de México: Enrique Peña Nieto. En breves intervenciones, cinco voces procedentes de todos los rincones del país, representativas de buena parte de la sociedad mexicana, entre ellas una mujer con tres meses de embarazo, una niña y un indígena oaxaqueño, que aseguraron creer en el candidato quien, dirigiéndose a ellos, así como al joven neolonés y a otra mujer procedente del norte de la República que también le habían depositado su confianza, refrendó su compromiso de trabajar para “hacer que México regrese al camino de la paz y de la armonía”.
Grande, sin duda, es el tamaño de la responsabilidad que ayer asumió el candidato tricolor ante la militancia priista, pero sobre todo ante la nación en su conjunto. Con audacia, totalmente alejada de la provocación, puso “una pica en Flandes” en territorio de un Estado de la República gobernado por el Partido Acción Nacional, en un sitio emblemático de nuestra historia nacional que nos remite a un valor universal que los mexicanos de nuestra generación debemos preservar, defender, proteger y ejercer: la libertad. Específicamente en el pueblo donde, hace más de 200 años, inició otro movimiento político en contra de un mal gobierno.

Y Enrique Peña mostrando aplomo, serenidad y firmeza no sólo lo hizo bien, sino lo hizo a tiempo, en un evento que, no obstante su riqueza simbólica y política, transcurrió íntegramente en apenas media hora.

No podía haber sido más contrastante con ese estadio pletórico de  frivolidad y plagado de frases comunes, pretendidamente cálidas, repetidas a gritos que, ayunas de ideas, trataban de disimular la frialdad que proyectaban las butacas vacías, en el que protestó la candidata presidencial del Partido Acción Nacional; o la ceremonia dominical, en la que, ungido de profeta, el candidato del Movimiento Ciudadano reiteró, ante su grey, la fe en “el cambio verdadero”, aunque ni así lograron exorcizar el fantasma que los estigmatiza: el fraude electoral, pues hubo quien, preconstituyendo la edición de un nuevo “complot”, dijo: “ahora nadie nos robará el triunfo porque todos vamos a estar al lado de López Obrador”, asomando así la orejas del lobo que se oculta debajo de la piel de oveja impresa con el sello del amor.

En cambio, sabedor de la importancia del proceso electoral en curso, el tricolor realizó un acto formal, conforme a su tradición de organización política preparada para competir y ganar en un contexto democrático, que cuenta con un  candidato que, como lo reconocen incluso alguno de sus críticos, “ha suscrito un proyecto político detallado y coherente […] ha adoptado un programa y quiere realizarlo”.
Al proponer “escribir juntos un nuevo capítulo de gloria, esperanza y grandeza para México”, el candidato presidencial Enrique Peña, reiteró su convicción de que la transformación es posible, en gran medida, atendiendo las necesidades de educación de calidad, de abatimiento de la pobreza y, singularmente, de protección de las familias mexicanas. Refrendó su compromiso con el trabajo para superar la estela de miedo, estancamiento y falta de oportunidades. Y se declaró presto para, apenas iniciada la campaña, promover sus propuestas para convencer a los electores y vencer en la elección.

ccq@cesarcamacho.org

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